En los últimos 10 años, la Policía de Investigaciones
de Chile ha experimentado una serie de cambios que le han permitido
optimizar sus actividades y procedimientos, mejorando con ello, la
calidad de atención a los usuarios, aumentando los niveles
de confianza y credibilidad, perfeccionando sus procesos internos
y, en suma, generando un valor agregado a la labor policial, más
allá de lo que implica contribuir a la producción de
seguridad pública.
Este
proceso –concebido como Modernización Institucional-
debe ser entendido en el contexto de una aspiración superior
que, como servicio público, tenemos que ser: capaces de transformarnos
en una Policía innovadora, que mejora constantemente sus procesos
administrativos y operativos y que, en el día a día,
lucha por potenciar continuamente la calidad de los servicios que
entrega. En suma, convirtiéndonos en una Policía de
Alto Rendimiento.
En este
sentido, muchos son los resultados que a la fecha reconocemos no
sólo al interior de la institución. En efecto, estos
avances has traspasado las fronteras de la Policía, llegando
a ser percibidos como tremendamente significativos en el contexto
de la Modernización del Estado en su conjunto y en el ámbito
de lo internacional, en el entendido que representa una experiencia única
en su tipo en las Policías de Latinoamérica.
Esta
verdadera “revolución”, como podemos denominar
a la nueva forma de hacer nuestro trabajo y relacionarnos con los
ciudadanos, se resume a modo de balance en iniciativas exitosas,
nuevas prácticas internas y visiones que conllevan cambios
sociales y culturales, no exentos de dificultades, pero siempre marcados
por la convicción que podemos mejores y con ello, servir mejor.